sábado, 20 de julio de 2013

Capitulo 8:

Mis sábanas desprendían aquel agradable perfume de Dani, sus cálidos brazos me protegían del frío e impedían que me separase de el y sus ojos me observaban con cautela.

 

-Buenos días dormilona –Dijo acariciando mi tez blanquecina.

-Estos si que son unos buenos días –Dije dándole un pequeño beso.

 

Las yemas de sus dedos dibujaban pequeños dibujos sin sentido por mi cuerpo, era un cosquilleo estremecedor, que hacía que me erizase.

 

(…)

 

-Pásame el azúcar –Dije dando vueltas a aquella masa amarillenta que más adelante serían tortitas.

-Aquí tienes.

 

Los brazos de Dani, rodearon mi cintura, y su cabeza se apoyo en mi hombro. De vez en cuando recibía algún que otro pequeño beso en la mejilla, que hacia que sonriera inconscientemente.

 

La masa iba cogiendo un color dorado, y desprendía un dulce olor a azúcar. Una a una, hasta que el plato de porcelana, acabo lleno de intentos de tortitas redondeadas.

 

Después de un desayuno entre besos y sonrisas, acabamos en mi habitación tumbados en mi cama.


Las sabanas desordenadas nos cubrían, había muchos besos y suaves caricias.
Sus cálidas manos, se colaron por mi blusa, y poco a poco fue desvistiéndome.
Empezaron los besos en el cuello, la cosa se complicaba, y yo me ponía más nerviosa.
¿Sería el momento de perder la virginidad con el?
Un ‘ring ring’ proveniente del móvil de Dani, me salvo de mis dudas.

Narra Dani:

Cogí aquella blackberry amarilla, y rápidamente conteste la llamada.

*Teléfono*
- Ven a casa –Dijo una voz infantil.
-¿Julia? –Dije dudando.
- No, soy Andrea, y mamá está muy enfadada
- Ya va, ya va –dije empezando a ponerme la camiseta

Un beso de aquella chica, era lo que mejor me sentaba del mundo. Me despedí de ella, y me fui a casa.

Abrí la puerta con el máximo cuidado posible, con el fin de no hacer ruido. Pero fue imposible, al abrir la puerta allí estaba aquella renacuaja de ojos verdes, Andrea.

Me miró con cara de asco y luego movió la cabeza de derecha a izquierda, imitando una negación
Una mueca apareció en mi cara y pasé de largo, subí las escaleras de dos en dos.

Entré en mi habitación y otra más, en mi cabeza rondaba la pregunta de que hacía Julia en mi habitación, y con mi portátil, eran míos.

- ¿Qué haces? –Dije apoyándome en el borde de la puerta.
- Uh... eh –Dijo Julia - ¿Ver una peli?
- Venga fuera, ya –Dije sentándome en la cama.
- ¿Y me dejas el portátil –Dijo mientras me ponía un puchero
- Venga, pero sal ¡ya!.

Alguien toco mi puerta y la abrió lo suficiente para que pudiera ver quién era, mi madre.
Suspiré y hice un gesto para que pasase. Tocaba un gran charla.

- ¿Podemos hablar? – dijo mi madre sentándose en mi cama.
- Aja – dije- ¿Qué quieres?
- Quiero que vuelvas a ser el Dani de antes, el que tenía ilusión de ir a recoger las cartas del buzón para ver si había alguna para ti, el que me avisaba si no iba a aparecer por casa, el mismo que soñaba con dedicarse a lo mismo que tu padre… El cine. – dijo mi madre con lágrimas en los ojos.
- Sigo siendo ese Dani, solo que he crecido. ¿Te das cuenta de lo mal que lo pasamos las mellizas y yo cuando papá se fue de casa? –Añadí – Y tu, no estabas para ayudarnos…
-Sí, lo sé y lo siento mucho, pero, solo quiero que me digas lo que vas a hacer, no desaparezcas así por así…

Narra Ángeles:

- ¡Papá! –dije al escuchar el sonido de la puerta abriéndose
- Hola Ali –Dijo dándome un abrazo. –Te he echado de menos.
- Y yo a ti

Notaba a mi padre feliz, aquella sonrisa que estaba en su rostro no la había visto desde hacía meses, e incluso años.
Quizás desde que mi madre enfermo.
Algo le había pasado, no sabía el que, pero era algo. Estaba segura.

Sonreía como una tonta, verdad, la sonrisa no me desaparecía de la cara cuando hablaba con él. Una sonrisa de oreja a oreja, y una risita tonta. Cada vez tenía más seguro que esto sería uno de esos pocos ‘para siempre’ que se llegan a cumplir.
Escuchaba mi nombre, no sé de donde provenía pero suaves ‘Alisson’ se escuchaban desde mi habitación.

Abrí aquella cortina blanquecina que hacía que hubiese menos luz en la habitación, y me asomé por ella. Dos chicas como no, una rubia y la otra morena, Sara y Laura.

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